En la antigüedad se asentaron por estas tierras los libios fenicios norteafricanos. Existieron asentamientos romanos; prueba de ello son los numerosos restos
de esta cultura encontrados en la zona, como necrópolis, monedas,
etc. Del paso de los árabes también podemos destacar
importantes hallazgos de vasijas y utensilios domésticos.
Hacia el año 750 tenía Jimena gran importancia comercial
entre los moros, que hicieron de ella una fortísima posición
militar, aunque durante toda la dominación sarracena llegó
a despoblarse, manteniéndose solamente la fortaleza fronteriza.
Perteneciente unas veces al Waliato de Málaga y otras al Rey Moro
de Granada, cayó en dos ocasiones en poder de los cristianos, que
la volvieron a perder, conservándola los granadinos hasta poco antes
de su rendición. Reconquistada en 1489, pasó al Señorío
de los Ponce de León, Duques de Arcos, asistiendo con su bandera
a la toma de Granada y siendo tal el valor de sus jinetes que los Reyes
Católicos le dieron el título de Lealtad en 1493, y más
tarde, en 1498, Carta de Fuero Real.
La consideración inicial de San Pablo y San Martín como pueblos, hay que buscarla concretamente en el año 1869, cuando son vendidas varias fincas por parte del Duque de Medina Sidonia al Marqués de Larios, entre las que se hallan las fincas de Buceite y Montenegral Bajo. Entre 1875 y 1879 se constituyen las Colonias Rurales de Buceite y Tesorillo.
A finales del siglo pasado, en 1887, las propiedades de los hijos de M.
Larios de Málaga y los hermanos Larios de Gibraltar, entran a formar
parte de la Sociedad Industrial y Agrícola del Guadiaro, que pasan
a denominarse San Pablo de Buceite y San Martín del Tesorillo.
El paisaje jimenense es de gran variedad y belleza. Cuenta con importantes cotos de caza mayor y menor, y una enorme riqueza forestal, tanto en las zonas montañosas, como en las vegas de las poblaciones de San Pablo de Buceite y San Martín del Tesorillo. Jimena es, pues, para los amantes de la historia y la naturaleza un
verdadero paraíso de disfrute y relajación.
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Así van surgiendo las primeras vías urbanas de Jimena, como la calle de La Loba, Cantón de la Palma o Cruz del Rincón; y con el límite de zonas de suelo inestable, las populares grederas, la ciudad toma dirección norte, a finales del XVI, en un ensanche de suelo útil para edificar, se erige la Iglesia y el Convento de Nuestra Señora de la Victoria sobre la primitiva Ermita de Santa Ana. Se configura tal como conocemos hoy el Barrio Alto, con trazados de calles ya independientes de las rutas originales que seguían los caminos y calzadas existentes.
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